Habíamos comenzado a soldar, a quemarnos los dedos. El primer encuentro con el cautín fue un verdadero desastre. Ocupando demasiado estaño, quedando pelotas horribles a la vista, soldar una parte y desoldar otra. De aquí a seis años yo creo que me vuelo con pasta de soldar.
Al final de material perdido, alambres doblados y quemaduras de guerra logramos formar un decente cubo con una sombra entendible que calzaba perfecto. (Aplausos).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario